EL CAMINO DE LA AUTODEPENDENCIA.
El camino
hacia la realización personal es difícil y continuo, nos dice Jorge Bucay en
cada uno de sus libros. En esta serie de caminos, el popular escritor argentino
nos ofrece unos mapas de territorio para que cada uno de nosotros recorra su
propio terreno a su ritmo y eligiendo el trayecto. Ser feliz, afirma el autor,
no es un derecho solamente, también es, de muchas maneras, una obligación
contraída con la vida.
En
“El camino de la autodependencia”, Jorge Bucay, el autor de libros de reflexión
más vendido de Hispanoamérica, nos desafía a abandonar definitivamente nuestra
dependencia de los demás. Nos plantea la necesidad de asumir, absoluta y
totalmente, la responsabilidad de nuestras vidas y de querernos y valorarnos
tanto como deseamos que otros nos valoren y nos amen.
La
verdad es que siempre puedo vivir sin el otro, siempre, hay dos personas
que deberían saberlo: yo y el otro. El codependiente no ama; él necesita, él
reclama, él depende, pero no ama.
Nunca es fácil
ser el carcelero y el libertador. El material genético transmitido de padres a
hijos, también lleva información de aprendizaje. Una parte del conocimiento
adquirido en la vida se transmite a los hijos, es material genético heredado.
Si se protegen a los niños de todos los peligros, los hijos nunca van a
aprender a resolver los problemas por sí mismos. Tendremos un montón de adultos
con infancias maravillosas, pero adulteces penosas.
Cuando yo
cumplí nueve años, no dejé de tener ocho. Como no se van a conservar actitudes
de aquellos que fuimos, si en realidad siguen viviendo adentro de nosotros.
Seguimos siendo los adolescentes que fuimos, los niños que fuimos, los bebés
que fuimos. Anidan en nosotros los niños que alguna vez fuimos.
Hay un adulto
en nosotros cuando somos adultos. Él y no otro adulto, se hará cargo del niño
que hay en mí. Esto es autodependencia.
Autodepender
significa establecer que no soy omnipotente, que me sé vulnerable y que estoy a
cargo de mí. Me sé dependiente, pero a cargo de esa dependencia estoy yo.
Autodependencia es, sinónimo de salud mental. Diferencia entre un ser humano,
un individuo o una persona. Cuando nacemos todos somos seres humanos. Cada uno
de nosotros nace con un temperamento. Al nacer, sólo somos seres humanos. Este
temperamento, que al principio es
idéntico nos transforma en el individuo. Individuo quiere decir indiviso,
único. Este ser humano discriminado y separado de los otros se llama individuo,
pero no alcanza con ser un individuo para ser una persona. Ser una persona es más todavía. Para ser una
persona es necesario padecer un proceso. Autodependencia es: Puedo pedirte
ayuda, pero dependo de mí mismo. Lo que pasa con la gente que sufre es que sus
niños han quedado a la deriva, sin nadie que los contenga. Y han tenido que ir
a buscar dependencia. Tengo que poder darme cuenta que hay un adulto en mí que
tiene que hacerse cargo de ese niño en mí. Si yo soy una persona tengo que
concederme a mí mismo la libertad de ser quien soy. La palabra persona designa
al que verdaderamente habla, al que le pone palabras a la mascara, la figura
auténtica que está detrás del personaje. Ser autodependiente significa ser
auténticamente el que soy. Mi autodependencia irremediablemente me compromete a
defender la tuya y la de todos. Nuestra participación en nuestra vida no solo
es posible sino que además es inevitable. Somos cómplices obligados de todo lo
que nos sucede porque de una manera o de otra hemos elegido. No fue mi
obligación, fue mi decisión.
El primer hito
del camino de la autodependencia es el amor por uno mismo: la autoestima, la
autovaloración y la conciencia del orgullo de ser quien soy. El amor por los
otros se genera y se nutre, empieza por el amor hacia uno mismo: “amarás a tu
prójimo como a ti mismo.”
Solidaridad “de ida”: Veo al otro que no tiene, que
sufre, entonces me pasa que me doy cuenta que yo podría estar en su lugar y
siento el miedo de que me pase lo que a él. Me vuelvo solidario porque me da
miedo que me pase a mí. Ahora yo sé que puedo elegir dar o no dar. Conquisto la
autodependencia. Aparece la posibilidad de ser solidario y doy por el placer
que me da a mí dar. No hay posibilidad de que seas otra persona.
La discriminación es el punto de partida de este
tramo del camino. Aprendimos la diferencia entre el adentro y el afuera, entre
fantasía y realidad. Aprendo a no confundirme con el otro, los demás no piensan
ni deben pensar como yo. Tomar la dirección del autoconocimiento. La autodiscriminación
es necesaria, pero no es suficiente. El autoconocimiento consiste en llegar a
descubrir quién soy. Hay un diferencia importante entre creer y saber. Siempre
que digo “ sé” estoy hablando de una convicción que no requiere prueba ni
demostración. Uno puede saber y puede equivocarse. No hay contradicción; cuando
yo hablo de “saber” me refiero a esa convicción, no al acierto de la
aseveración. El autoconocimiento es la convicción de saber que uno es como es.
Hay que observarse mucho. Mirar lo mejor y lo peor. Acostumbrarme a mirarme en
todos los espejos que pueda encontrar. Un espejo abandonado. “Que horrible, con
razón lo tiraron”. Solamente conociéndome puedo pensar en ti. Voy a poder
ayudar más cuanto más sepa de mí. Yo voy a tener que estar conmigo por el resto
de mi vida, me guste o no. El modelo gestáltico de terapia fue inventado por
Fritz Perls. Lo que un terapeuta puede dar es para que el paciente aprenda a
ayudarse o a curarse a sí mismo. Primero se conoce y después se ama o primero
se ama y después se conoce?. Conformarse tiene dos significados: uno
constructivo, aceptación, y la manera negativa se llama resignación. Yo puedo
conformarme aceptando las cosas como son, o puedo conformarme resignándome a
que las cosas sean como son.. La aceptación es un camino deseable y la
resignación no lo es. Las buenas herramientas no garantizan que el fin para el
cual puedan ser utilizadas sea bueno. El objetivo es personal; la herramienta
da la posibilidad, pero la intencionalidad de quien la usa es lo que vale.
Ser autónomo supone establecer mis propias normas y
vivir de acuerdo con ellas. La libertad de pensar es muy importante, pero no
ganamos nada si no somos capaces de hacer algo con lo que pensamos. Nadie puede
hacer TODO lo que QUIERE. La libertad absoluta no existe.
La ley informa sobre la pena por hacer lo que está
prohibido, pero de ningún modo evita que lo haga. Si son otros los que deciden
qué puedo y qué no puedo hacer, por muy abierto y permisivo que sea mi dueño,
no soy libre. Yo podría…pero no debería.. Mi condicionamiento consiste en mi
tendencia a elegir siempre lo mismo, no en no poder elegir. “Cuando esté en un
callejón sin salida, salga por donde entró”.
El desvío proviene de confundir libertad con
omnipotencia. La definición de la cual partimos (la libertad es hacer lo que
uno quiere) es la definición de omnipotencia, no de libertad. Y no somos
omnipotentes. Nadie puede hacer todo lo que quiere.
La libertad consiste en mi capacidad para elegir
dentro de lo tácticamente posible. La elección debe ser posible. La libertad es
tu capacidad de elegir algo que está dentro de tus posibilidades. Las cosas
valen en la medida que uno pueda elegir. Para que haya elección debe existir
más de una opción. Lo que realmente uno no puede elegir es el sentimiento. Los
sentimientos no se eligen, suceden.
Responsabilidad es responder por lo que uno hizo.
Las autolimitaciones son elecciones. En la vida real somos responsables de lo
que elegimos.
La libertad consiste en ser capaz de elegir entre lo
que es posible para mí y hacerme responsable de mi elección.
Aprendizaje siniestro: La culpa siempre la tiene el
otro. Soy responsable de lo que me pasa, porque en algo, aunque sea pequeño, he
colaborado para que suceda
Tendré que decidir qué hago. Con todo lo que sé,
tendré que decidir cuál es la mejor manera de actuar. Y tendré que actuar de
esa mejor manera. Actuar como mi conciencia me dicta y de pagar el precio
Los autodependientes son inmanejables, lo manejas
solamente si él quiere, con lo cual, no es manejable, él está manejando la
situación.. Decisiones voluntarias, tomadas para hacer al lado de el otro, pero
no “por” el otro, sino “con” el otro.
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